
La estructura de su empresa: con qué régimen se constituye, cómo se documentan las decisiones de los socios, quién puede firmar y con qué límites. Una sociedad bien constituida y con sus actas en orden es la base sobre la que descansa todo lo demás.
Una sociedad mal estructurada o con asambleas sin protocolizar limita la operación del negocio: complica la apertura de cuentas, la entrada de socios y la defensa del patrimonio ante cualquier conflicto.
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